/Rebecca Jacob
13-00-2021

Texto bíblico: Juan 15:1-3 

Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador. Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo quita; y todo el que da fruto, lo poda para que dé más fruto. Vosotros ya estáis limpios por la palabra que os he hablado. 

 

 

Pensamiento:  

 

En las escrituras, Dios repetidamente utilizó la vid como un símbolo del pueblo de Israel. De hecho, justo la semana previa a este discurso que leemos en Juan 15, Jesús había enseñado públicamente sobre Israel comparándola con una viña, cuando compartió la parábola de la viña en Mateo 21:33-44. Probablemente usase la imagen de la vid porque ¡había vides por todos lados en el antiguo Israel! 

 

En esta ocasión, sin embargo, Jesús estaba cambiando el enfoque: Israel ya no era la vid, sino que era Él. Jesús es la vid verdadera y debemos tener nuestras raíces en Él si queremos dar fruto para Dios.  

En la comunidad del Nuevo Pacto, nuestra primera identificación es en Jesucristo mismo. 

 

De las muchas imágenes de la relación entre Dios y su pueblo, la imagen de la vid y el pámpano hace énfasis en la dependencia total y en la necesidad de conexión constante con el Padre.  

El pámpano depende de la vid mucho más de lo que la oveja depende del pastor, o de lo que el niño depende de su padre. Es probable que Jesús compartiese esto con sus discípulos en el aposento alto, justo antes de su partida. Como estaba por dejar a sus discípulos, éste era un mensaje de aliento importante. Él permanecería unido a ellos y ellos a Él, tan cierto como los pámpanos están conectados con la vid principal. 

 

Cuando Jesús pasa a explicar lo que sucede con los pámpanos que no dan fruto, explica que estos nunca permanecieron adecuadamente en la vid y es por eso que no pudieron dar fruto. Algunos teólogos creen que el verbo griego antiguo AIRO, traducido como: ‘lo quitará’, es traducido con mayor exactitud como ‘levantará’.  

La idea es que el Padre levante las viñas no productivas fuera del suelo para que reciban más sol. Esta práctica, de hecho, era común en las antiguas costumbres sobre el cuidado de las viñas, asegurándose de que, al levantarlas del suelo, recibieran más sol y dieran mejor fruto. De hecho, el verbo traducido en algunas versiones como ‘cortar’ (aireo) significa literalmente ‘levantar’ o ‘quitar’, y el segundo verbo ‘podar’ (kathaireo), significa ‘limpiar’ o ‘purificar’.  

Podemos concluir por tanto que el labrador limpia la vid que lleva fruto para que ésta lleve aún más fruto. 

 

Morris dijo lo siguiente:  “Si se descuida, una vid puede producir una buena cantidad de crecimiento improductivo. Para una mayor productividad es esencial una poda extensa.”  

Trapp también dijo:  “Y si fuera doloroso sangrar, es peor marchitarse. Mejor ser podado para crecer que cortado para quemarse”. 

 

El trabajo de podar y limpiar ya había comenzado con los once discípulos a los que Jesús hablaba. Ellos habían escuchado y recibido la mayor parte de su enseñanza y estaban en un sentido limpios por la palabra. Al decir ‘ya vosotros estáis limpios’, Jesús repitió una idea que mencionó anteriormente esa noche: que hay una purificación inicial, y luego una purificación continua (Juan 13:10). 

 

 

 

“La palabra de Dios es un agente limpiador. Condena al pecado, inspira santidad, promueve crecimiento, y revela poder para victoria. Cuando Jesús aplicó las palabras que Dios le dio a las vidas de los discípulos, estos se sometieron a un proceso de poda que removió el mal de ellos y los preparó para un mayor servicio.” (Tenney) 

 

 

¿Cómo lo puedo llevar a la práctica?  

 

 

  • Dale gracias a Dios por las veces que te ha podado, y pídele que te revele aún más de su palabra para seguir levantando y limpiando cualquier área de tu vida que Él quiera purificar para así producir aún más fruto.  

 

 

Oración  

 

“Señor Jesús, tú eres verdadero, solo en ti podemos dar fruto, te alabamos Dios. Gracias por qué al hablarnos nos limpias y nos ayudas a crecer. “ 

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