/David de la Rosa
17-00-2021

Texto Bíblico Juan 15:11-12 

Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea perfecto. Este es mi mandamiento: que os améis los unos a los otros, así como yo os he amado.  

 

 

Pensamiento:  

 

¡Qué bueno es Dios! Él no nos manda obedecer sus mandamientos porque necesite pequeños esclavos, sino que verdaderamente quiere lo mejor para nosotros. Es por eso que Jesús nos explica que cuando el discípulo no permanece en su amor y por lo tanto no guarda sus mandamientos, ese discípulo no experimenta la plenitud del gozo que Jesús prometió a los que permanecen en su amor y obediencia. 

 

Carson dijo lo siguiente: “Nadie es más miserable que el Cristiano que por un tiempo evade su obediencia. No ama al pecado lo suficiente como para disfrutar de sus placeres, y no ama a Cristo lo suficiente como para disfrutar de su santidad. Percibe que esta rebelión es inicua, pero la obediencia le es desagradable. Ya no se siente en casa en el mundo, pero su memoria de sus asociaciones pasadas y la tentadora letra de su antigua música evitan que cante con los santos. Es un hombre digno de lástima; y no puede permanecer ambivalente por siempre.”  

 

Cuando Jesús le dijo a sus discípulos “estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros:” no se estaba refiriendo a gozo como lo que es comúnmente entendido como felicidad o emoción. El gozo de Jesús no es el placer de una vida fácil; es la euforia de estar bien con Dios, y conscientemente andar en su amor y en su cuidado. Podemos tener ese gozo –podemos tener su gozo– y tenerlo como una presencia permanente. “No es ‘gozo acerca de mí,’ ni ‘gozo derivado de mí,’ ni ‘Mi gozo sobre ustedes,’ sino mi gozo, propiamente hablando…Su propia santa exaltación, el gozo del Hijo en la consciencia del amor de Dios.” (Alford) 

 

Dios hizo a los seres humanos, como hizo a las otras criaturas, para ser felices. Las criaturas de Dios son capaces de ser felices y así es como están cuando están en su elemento; y ahora que Jesucristo ha venido a restaurar las ruinas de la Caída, lo ha hecho para traernos otra vez a nosotros este antiguo gozo, — “solo que ahora será más dulce y profundo de lo que podría haber sido si nunca lo hubiéramos perdido.” (Spurgeon) 

 

¿Y cuál es el mandamiento principal que debemos cumplir para tener este gozo?: “Que os améis unos a otros, como yo os he amado” (vs. 12). Jesús dijo estas palabras a los discípulos mientras estaban en el aposento alto, habiéndose levantado de la mesa, sentimos el énfasis creado por la repetición. A Jesús realmente le importaba que sus discípulos se amaran unos a otros, y que lo hicieran de acuerdo a la medida y calidad de su amor por ellos. “Tal vez ellos esperaban instrucciones detalladas y minuciosas como las que recibieron cuando fueron enviados fuera por primera vez (Mateo 10). En vez de esto, el amor debía ser su guía suficiente.” (Dods) 

 

Barclay dijo algo muy cierto: “Somos enviados al mundo para amarnos unos a otros. Algunas veces vivimos como si fuéramos enviados al mundo a competir unos con otros, o a discutir unos con otros, o incluso a pelear unos con otros”. De la misma manera Tenney comentó: “Unidad en vez de rivalidad, confianza en vez de sospecha, obediencia en vez de asertividad deben regir las labores comunes de los discípulos”.  

  

 

¿Cómo lo puedo llevar a la práctica?  

 

  • Pídele al Espíritu Santo que te traiga a la memoria cualquier persona que no amas como Él te ama a ti, pídele perdón y ora por estas personas. 

  • Lee 1 Juan 4:7-20 y deja que el Espíritu Santo derrame del amor de Dios sobre ti.  

 

 

Oración

 

“Jesús, tú eres gozo y alegría perfecta. Nos enseñas a vivir en plenitud, sigue ordenando nuestro corazón para que podamos obedecer tu mandato de amar y servir a los demás.”

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