/Rebecca Jacob
01-00-2018

PASAJE BÍBLICO: JUAN 1:29-34; 14-18

VERSÍCULO CLAVE: Y EL VERBO SE HIZO CARNE, Y HABITÓ ENTRE NOSOTROS, Y VIMOS SU GLORIA, GLORIA COMO DEL UNIGÉNITO DEL PADRE, LLENO DE GRACIA Y DE VERDAD.

JUAN 1:14


Sería imposible ser cautivados por Jesús sin entender primero quién es. Muchos saben que es el Hijo de Dios, el Salvador, que murió por noso- tros, sin embargo es imprescindible entender que Jesús es Dios. Jesús es Dios. Sin entender esto no podemos captar lo increíble que ha sido nuestra redención.

Mateo 1:23 dice que María dará a luz a un niño y se llamará Emanuel, Dios con nosotros. Dios, que no tuvo principio, ni fin, el creador de todo vino a nosotros. Él se hizo como uno de nosotros. Era completamente Dios y sin embargo puso de lado su gloria para ser completamente humano. Dios se hizo hombre en Jesús y una vez que entendemos esto y lo asimilamos, podemos ser cautivados por Él.

A veces me asombra cómo algunas personas dicen creer en Cristo pero su creencia no ha impactado sus vidas; ni ha marcado su forma de vivir. Puede ser que se les ha olvidado, o que nunca han entendido que Dios estaba en Cristo, reconciliando al mundo con Él. Fue mucho más que un mártir, Jesús era Dios.

Dios se hizo como nosotros y anduvo en nuestro mundo. Participó en nuestras penas. Experimentó nuestras luchas. No hay ningún camino por el que estás andando que Cristo no haya pisado antes; Isaías profetizó que iba a ser “despreciado y desechado de los hombres, varón de dolores y experimentado en aflicción” (Isaías 53:3) Y así fue.

Y como Él fue tentado en todo, igual que nosotros, y venció cada prueba y tentación, podemos acudir a Él para recibir ayuda en todas las áreas de nuestras vidas. Jesucristo es Dios con nosotros. (Hebreos 2:18)

El Dios eterno se hizo carne y nos mostró como es nuestro Padre Celes- tial. Él se hizo carne y fue el sacrificio por nuestros pecados. Él lo hizo para que pudiéramos tener una relación con Dios, para reconciliarnos con Dios.


APLICACIÓN

Deja que el Dios que se hizo carne, que te ama y te ha amado desde siempre te cautive.


MEDITA

Dios está conmigo y siempre estará conmigo. En lo bueno y en lo malo, Jesús está presente. Todo consiste en una renuncia de corazón a todas las cosas que percibimos que no conducen a Dios. Podemos acostumbrarnos a conversar continuamente con Él con libertad y simplicidad. Para dirigirnos a Él en todo momento sólo necesitamos: Reconocer que Dios está íntimamente presente en nosotros; que podemos pedir su ayu- da para conocer su voluntad en las cosas en las que tenemos dudas y para realizar correctamente aquellas que vemos claramente lo que Él requiere de nosotros, entregándoselas antes de realizarlas, y agradeciéndole cuando las hayamos terminado.
En nuestra conversación con Dios también debemos aplicarnos en alabarle, adorarle y amarle por su infinita bondad y perfección. Sin desanimarnos por nuestros pecados, deberíamos orar pidiendo su gracia con una confianza perfecta en los méritos infinitos de nuestro Señor. Dios nunca ha fallado en darnos su gracia para cada acción. Un padre de la fe, el Hermano Lorenzo, lo percibía claramente y nunca le había fallado, a menos que sus pensamientos se hubieran apartado del sentido de la presencia de Dios, o cuando se había olvidado de pedir su ayuda.


TESTIMONIO

Las primeras semanas de mi vida misionera en Ciudad Real estuvieron repletas de muchos cambios y ajustes. Estaba intentando acostumbrar- me a un nuevo país y una nueva cultura y no me estaba resultando nada fácil. Me acuerdo que una mañana mientras me encontraba orando, Dios se reveló a mí como Emanuel, Dios con nosotros. Fue un momento real y personal que ha marcado mi vida desde entonces.

Rebecca Jacob

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