/Mariona Portabella Delgado
18-00-2020

Había una vez un país precioso, lleno de gente a la que le gustaba pasear, reír, abrazar, reunirse para comer, y donde los niños se juntaban para jugar.
Un día vieron por la televisión que algo estaba pasando en un país muy muy lejano; y aunque les entristecía escuchar que mucha gente era engullida por un monstruo temible que se hacía cada vez más grande, pensaban que a ellos no les haría nunca daño...y seguían paseando, riendo,  abrazándose y quedando para comer, y los niños para jugar.

Al poco tiempo empezaron a notar que una sombra se acercaba a su bello país. Algunos la vieron venir, otros no se dieron cuenta, y otros pensaron que era una nube cualquiera y que pasaría de largo.

Poco a poco ( bueno, realmente no tan poco a poco) empezaron a notar que el cielo de su país se oscurecía con esa supuesta nube, y empezaron todos a mirar. Cuando se dieron cuenta de que lo que ellos pensaban que era una nube, que pasaría de largo, en realidad era aquel monstruo redondo en forma de corona, con numerosos picos, que venía rodando hacia ellos, se asustaron y muchos salieron corriendo hacia otros lugares... pero parecía que el monstruo/corona, cuánto más corrían y huían, más grande se hacía. Incluso si cogían sus coches y buscaban un escondite en un pueblo lejano, hasta allí llegaba el monstruo/corona los alcanzaba y los engullía.

Mientras eso ocurría, los expertos caza monstruos del país, se juntaban entre ellos y estudiaban como podrían deshacerse del monstruo/corona... Ya habían sido engullidas muchas personas y no estaban dispuestos a que eso siguiera sucediendo.

Los expertos que estudiaban el comportamiento del monstruo/corona, observaron también: que cuanto más se acercaban unos a otros los habitantes del país ( recordad que les encanta divertirse juntos) más grande y fuerte se hacía.

Pensaron, que si todas las personas se quedaran en sus casas durante bastante tiempo, sin salir a divertirse, ni a jugar, ni se abrazaran, ni comieran juntos,  el monstruo/corona pensaría que ya no había nadie para engullir, se haría más pequeño y poco a poco se iría rodando hasta el fondo del mar y allí desaparecería.
A esos expertos se unieron, a través de vídeo, los expertos de los países muy,  muy lejanos en los que estaba también el monstruo/corona y les dieron otras ideas para vencerlo.

A las calles salió un ejército de valientes, formados especialmente para éstas situaciones, con batas blancas y las manos y la cara tapadas, pues habían visto que el monstruo/corona no engullía a quien iba así protegido. Éstos valientes habían salvado a muchas personas de ser devoradas por él, por lo que eran los únicos que tenían permiso para enfrentarse como expertos.

A los habitantes de ese país precioso, les costó mucho al principio entender que la única manera de vencer al monstruo/corona era encerrarse para que no les viera y se fuera haciendo pequeño.... pequeño... pequeño... hasta rodar hacia el mar y desaparecer.

Muchos tenían miedo de quedarse sin comida, pero también había otro ejército de personas que se ocupaba de que eso no fuera a pasar.
Algunos de los habitantes de ese país que se atrevían a mirar por encima del monstruo/corona, vieron que seguía estando el Sol y que quien le miraba más tiempo a él, en lugar del miedo que tenían antes, les invadía una paz y una seguridad de que saldrían bien de esa batalla y también se daban cuenta de que el Sol era mucho más grande INCLUSO que el monstruo/corona.

Poco a poco ( eso sí fue poco a poco), mientras las familias estaban en sus casas, trabajando, leyendo, hablando y los niños dibujando y también jugando entre ellos,  (y en algunos momentos enfadándose y poniéndose nerviosos por no poder salir) empezaron a ver como el monstruo/corona iba perdiendo fuerza, se iba haciendo pequeño y cada día, con la ayuda y la colaboración de todos los habitantes del país era un poco más pequeño y un poco menos peligroso...

Así llegó el momento en el que pudieron volver a salir de sus casas: los amigos se reencontraron para abrazarse, para comer juntos, los niños pudieron volver a jugar y visitar a sus abuelos y los parques y caminos se volvieron a llenar de gente; pero mucho más conscientes de lo que significa luchar hombro con hombro con un enemigo tan grande; y los que no se habían olvidado de seguir mirando al Sol, por encima de la sombra fea y negra del monstruo/corona, sabían que a partir de ahora nunca se olvidarían de que por muy negras que sean las nubes y por muy grandes y peligrosos que sean los monstruos, siempre, siempre, siempre, por encima está el Sol, grande y brillante,  que hace brotar de nuevo la vida, calentar el cuerpo y también el corazón.

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